Donnerstag, 3. September 2009

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Botín de guerra

José Hugo Fernández

LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) - Todo el efecto cómico, burlesco, pero sobrecogedor a la vez, que se desprende de esas sátiras antimilitaristas, como la famosas comedias de Chaplin, Armas al hombro y El gran dictador, puede ser percibido de un tirón en La Habana, mediante una circunstancia real que se repite varias veces al día.

Ellos le llaman el arqueo. Y es una operación de comandos policiales, destinada a la recolección del dinero que diariamente facturan las casas de cambio de moneda -las denominadas CADECA-, así como el resto de los establecimientos que aquí se dedican al comercio en pesos convertibles (cuc).

Ejercicio de la esperpéntica donde los haya, durante los arqueos. Guardias pertrechados con armas largas, y en zafarrancho, descienden del vehículo para ocupar posiciones en el entorno del establecimiento donde tendrá lugar la recaudación.

En el tiempo que dura (puede ser media hora, o más, según los niveles de factura en cada caso), ningún peatón puede acercarse al establecimiento, ni siquiera es posible pasar por la acera de enfrente. Los guardias armados lo impiden.

Mucho menos permitido es acercarse al vehículo que transporta las recolecciones, en cuya parte trasera permanece herméticamente encerrado un hombre que es el único con acceso directo a los depósitos del dinero, y que no tiene roce ni con los propios guardias.
En el arqueo sólo pueden estar presentes el funcionario policial encargado de la recogida y la persona que hace la liquidación. Entretanto, los demás empleados deben abandonar su puesto de trabajo y esperar fuera de la oficina.

Sea en las CADECA o en cualquier otro establecimiento, los servicios quedan totalmente interrumpidos. Mientras, el público debe esperar pacientemente, a una distancia prudencial, haciendo cola bajo la vigilancia de un guardia armado.

Nos demuele la rabiosa impotencia al verlos aparecer, siempre en el momento menos oportuno. Y es muy manifiesto el modo en que la gente respira, aliviada (como si les hubieran estado apretando el gaznate), cuando al fin ve partir aquel vehículo llevando su carga de amenaza entre las cajas presumiblemente repletas de cuc.

Cada escena remite a la de esas películas en las que los ejércitos invasores requisan el botín de guerra.

Resulta gracioso imaginar cuántas tropas serían necesarias y cómo se vería el espectáculo si este método fuera utilizado para la recogida de ganancias en todos los establecimientos comerciales de grandes ciudades como Tokio, New York o Ciudad de México. Al mismo tiempo ocasiona escalofríos la simple suposición de que a un loco se le ocurra lanzarse al atraco durante uno de nuestros arqueos. Habría que recoger a los muertos con palas mecánicas.
Quien haya sido testigo de uno solo de estos despliegues en zafarrancho de combate, que común y cotidianamente se dan por cientos en La Habana, contra objetivos inermes e inocentes, podrá tener una comprensión más cabal del espíritu agresivo, violador, avasallador, que anima a los sistemas totalitarios y militaristas. Podrá apreciar en su yema la naturaleza del ridículo. Y además, tal vez pueda entender las razones de nuestro miedo paralizante y enfermizo.





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Kommentare:

  1. Aqui no secede eso. Los guardias hacen su trabajo, armados solo con sus revólveres en las cartucheras, y nada se paraliza aunque por un impulso de defensa natural nos alejamos de ellos.

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  2. Hola Armienne, aquí en Hannover he visto carros que transportan dinero, pero nunca me he percatado de cómo recogen el dinero en una tienda o supermercado. Creo que cuando se elimine la doble moneda y la economía del país se ponga al día, ya no se verá tanto corre corre.
    Puedes decirme cómo te hicistes de tan bonito nambre?

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